El viento se levanta. Opinión

 
 

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La agridulce despedida de Hayao Miyazaki

Hayao Miyazaki se retira. Y podría haberlo hecho de muchas maneras: con la épica de ‘La princesa Mononoke‘, con el positivismo de ‘Mi vecino Totoro‘, con la ingenuidad de ‘Ponyo en el Acantilado’ o con las aventuras sin fin de ‘El viaje de Chihiro‘. Sin embargo, el genio japonés ha decidido dejarnos un sabor agridulce, deleitándonos con su obra más personal y melancólica.

‘El viento se levanta’ parte de una premisa muy simple: el camino hacia el éxito de Jiro, un joven que sueña con volar y acabará siendo un prestigioso ingeniero aeronáutico. Estamos pues ante su película más realista hasta la fecha, aunque realismo en Miyazaki no viene exento de onirismo, poesía y magia.

Y es que, a pesar de contar una historia de descubrimiento, auge y alguna que otra caída, ‘El viento se levanta’ es pura poesía, representada en los anhelos y temores de Jiro, un chico soñador (en el sentido literal) que ve en sus sueños las revelaciones que lo llevarán a triunfar.

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Poesía al servicio del drama

Aunque hay poesía y magia visual y de diálogos (especialmente en sueños, con el gran ingeniero Caproni), ‘El viento se levanta’ peca de una seriedad rara vez vista en la obra de Miyazaki. Aunque el director japonés no es que sea maestro de la comedia suele añadir a sus obras alguna capa humorística o algún que otro personaje que arranca unas sonrisas. Eso apenas ocurre aquí, quizá por la búsqueda de un tono agridulce continuo.

Además de ser un drama de tomo y lomo, ‘El viento se levanta’ actúa como una breve Historia del Japón del siglo XX. Así, para alguien no iniciado en la materia es interesante ser testigo del paso de la vida tradicional en aldeas a la llegada del progreso representada por las primeras grandes compañías niponas y su sinergia con las ya avanzadas potencias europeas.

La pregunta es si ‘El viento se levanta’ es la película que Miyazaki siempre quiso realizar y que ha ido postergando por las exigencias de una industria y un público que quería ver una y otra vez el mismo tipo de obra del estudio Ghibli: una película que pueden ver los niños pero que gustará a los adultos, con varias capas de profundidad pero diversión para todos y un tono mayoritariamente positivo (quizá con la excepción de ese gran drama que es ‘La tumba de las luciérnagas’).

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Maestro, ¿que quería contarnos?

Y es que ‘El viento se levanta’ no tiene escenas escabrosas, pero sin duda no es apta para niños dada su carga dramática y su parsimonia en la narración que, simplemente, les aburrirá (y aburrirá a los padres en platea, intentando explicar las escenas a sus retoños). Además, es quizá la única obra del estudio Ghibli que nos deja un mensaje ambiguo: ¿realmente Jiro cumple todos sus sueños? ¿qué nos queda tras un momento de gloria? ¿se arrepiente de lo que hizo (o de lo que no hizo)?

Es por todo ello que ‘El viento se levanta’ me ha provocado algo que nunca había sentido con un filme de Miyazaki: puedo admitir que me ha gustado, que me ha parecido una buena película pero, sin embargo, no ha cumplido mis expectativas, no ha resultado el fin de fiesta que esperaba. ¿Ha sido así porque exigía a Miyazaki lo que me había dado siempre o por qué no estamos ante una película realmente redonda y, ni mucho menos, el broche de oro a una filmografía mítica?
 
Mi puntuación: 7,5
 
 
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